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“Nuestro hogar es como un jardín. Somos jardineros de nuestras propias semillas, las de nuestros hijos y nuestra familia.  
Para que nuestro jardín esté bonito y cuidado hay que dedicarle día tras día trabajo, esfuerzo, dedicación y preocupación, dándole el riego y abono necesario, cuidándolo y poniendo todo nuestro amor y cariño cada día.
Para que las semillas y las flores de nuestro jardín crezcan y florezcan, primero hemos debido cultivar nuestra propia semilla.

Decía Jorge Carvajal, que “la semilla es el punto de reunión entre la muerte y la vida; una parte nuestra tiene que empequeñecerse (ego) para que otra crezca y se desarrolle (semilla). En nuestro interior ya está plantada la semilla y nuestro trabajo es ser jardineros; mover la tierra para oxigenarla, quitar las malas hierbas que pueden dificultar su crecimiento, regarla y permitir que el sol le brinde su energía.
La labor del jardinero es que su jardín crezca y florezca, que la semilla se transforme en un árbol que nos alimente con sus frutos, y nos proteja con su sombra, y para ello, el grano ha de hacerse día tras día ”.

En todos los jardines es importante el suelo, la tierra y las condiciones, pero lo que más influye en su crecimiento es el interés y la dedicación del jardinero.
Para cosechar el fruto de nuestra propia semilla y las semillas de nuestro jardín, hay tres ingredientes que tenemos que tener presentes; la autoaceptación, nuestro crecimiento personal, y la sabia gestión de emociones o paz interior, porque nos permitirán crear el contexto adecuado para sembrar y hacer florecer nuestro jardín.


“El verdadero amor no es otra cosa que el deseo inevitable de ayudar a otro para que sea quién es”

Antoine de Saint-Éxupery

Y esa es mi misión,
Acompañar a las personas a ser quiénes quieran ser para lograr sus metas, hacer brotar su semilla interior, y hacer crecer todos sus talentos y recursos para que florezcan y crezcan en sus vidas personales / profesionales, con sus hijos y familia.