Mi Historia 

Las Invisibles

En ocasiones veo, escucho, y leo cada vez más historias de madres que han tenido que renunciar a su desarrollo profesional.

Soy Elena Arroyo, tengo 44 años y soy madre de dos niños de 10 y 6 años; 

Soy Invisible desde hace 10 años que me convertí en madre de mi primer hijo.

Soy Invisible por sufrir las consecuencias de la maternidad.

Soy Invisible porque me hicieron renunciar a un puesto directivo al quedarme embarazada de mi segundo hijo.

Soy Invisible porque me asignaron un puesto que no se adaptaba a mi formación ni a mi experiencia laboral, y no respetaron una novación contractual.

Soy Invisible por haber sufrido sobrecarga mental, de tareas y responsabilidades, con el único objetivo de que renunciara.

Soy Invisible por haber alzado la voz para cambiar las cosas antes de renunciar, y sólo conseguir ser la diana a la que apuntar.

Soy Invisible porque renuncié para luchar, denunciar, y Ser Quién Quiero Ser.
Comparto mi historia porque como dice Laura Baena (Club De Malasmadres):

 

 

Escribí este post el día que Laura y el Club de Malasmadres lanzaron la campaña “Las Invisibles” en febrero de 2020.  Con estas palabras quise contar en las redes sociales parte de mi historia para alzar la voz y dar visibilidad a las prácticas discriminatorias que convergen en nuestra sociedad y en las organizaciones, por el simple hecho de ser madres.

 

“Lo que no se dice, se oculta. Lo que no se cuenta, se olvida. Lo que no se grita, no existe.” 

Club de Malasmadres, Laura Baena

Mi historia es una historia de superación personal y laboral, ante una situación complicada vivida en la empresa en la que trabajaba tras convertirme en madre, y más concretamente tras comunicar mi segundo embarazo. 

Después de quedarme embarazada de mi segundo hijo, me empujaron a renunciar a un puesto directivo y, por lo tanto, a mi desarrollo profesional. 

Al incorporarme de la baja maternal, la situación sólo empeoró. La empresa se había fusionado y cuando regresé me encontré con nuevos jefes y compañeros. Me asignaron un puesto de trabajo que no se correspondía con mi formación y experiencia laboral y, aun así, continúe tres años en una posición con una gran responsabilidad, una excesiva carga de trabajo sin prácticamente recursos, a lo que se sumó una situación y un entorno laboral tóxicos. 

Todo ello afectó a mi salud física y mental, hasta que un día decidí que no podía seguir así por más tiempo. Mi cuerpo llevaba dándome la voz de alarma mucho tiempo con diferentes contracturas, lumbalgias.

A todo ello, se sumaba mi sentimiento de culpa por no poder cuidar de mi hijo pequeño en sus continuas crisis asmáticas. Su primera bronquiolitis fue el día que cumplía tres meses, un 25 de diciembre del año 2014. Aquel día, ni mi marido ni yo, éramos conscientes del camino que comenzábamos con aquella visita a Urgencias en el Hospital de la Paz. Recuerdo salir corriendo porque el niño respiraba mal, se ahogaba, abrimos las ventanas de la casa de mis suegros, y finalmente tuvimos que salir corriendo al hospital.  Ese día fue el inicio de un camino inesperado de continuas recaídas, cuidados, aerosoles, tratamientos, visitas a urgencias, a osteópatas, neumólogos, y fisioterapeutas respiratorios.

A día de hoy, Marcos sigue teniendo crisis, pero más espaciadas, más cortas y ya tiene un tratamiento establecido y pautado para su hiperreactividad bronquial. 

En aquel momento vivía inmersa en un huracán gris, entre la culpa simplemente por el hecho de no estar con él cuidándolo y arropándolo y la preocupación por su salud, por quién se quedaba a su cuidado cada vez que tenía una crisis, si estaba mejor o peor, si tenía fiebre, si había que subirle la dosis de aerosoles, el antibiótico, etc…

Toda esa mezcla de emociones, sentimientos, de estrés y de ansiedad, me llevaron a tomar la decisión de dar un paso adelante para salir de aquel bucle en el que me encontraba. Lo tenía todo, un trabajo, un buen sueldo, un hogar, una familia y dos hijos maravillosos, pero me faltaba aceptar la situación que estaba viviendo, mi tristeza y mi decepción con la empresa en la que había crecido y por la que lo había dado todo. 

Así que decidí ponerme en marcha y comenzar una nueva búsqueda, un nuevo motor que me permitiera ser quién quería ser y crecer profesionalmente.  

El primer paso fue contratar a un coach para que me acompañara hacia mi nuevo destino, comenzando un viaje interior de autoconocimiento y de fortalecimiento de mi autoestima. 

Tras esos tres años viviendo en una espiral de exigencia, responsabilidad, culpa y frustración, no me reconocía. Mi seguridad y la confianza en mí misma se habían quedado escondidas y envueltas en aquel huracán gris. 

Necesitaba un cambio, salir de donde estaba, necesitaba claridad, definir un objetivo y una dirección. 

Fue un viaje de autodescubrimiento, de conocerme más y de recuperar quién era. De identificar mis recursos, mis logros del pasado e ir avanzando y ganando confianza en el camino. 

Identificar mis valores más profundos fue la clave para ponerme en acción, tomar decisiones e identificar y habitar mis emociones; mi tristeza, mi decepción con la empresa en la que había crecido dando lo mejor de mí.

En el camino, me di cuenta de la necesidad que tenemos las personas de conocernos, querernos, respetarnos y valorarnos. De aprender a gestionar nuestras emociones para ser quien queremos ser y elegir la vida que queramos vivir. 

Los meses fueron pasando y con el proceso seguí avanzando, creciendo, eligiendo y decidiendo por mí misma. Y comencé un camino de vuelta a Mí, a mi esencia, a quién quería ser, dándome cuenta de que la responsabilidad de mi bienestar y mi felicidad, era exclusivamente mía.

Seguí caminando y dando pasos que son los que me han traído hasta hoy. A ser quién quiero ser, a elegir la vida que quiero vivir para poder compaginar mi trabajo con mi familia para seguir creciendo y cuidando de mi jardín y dar lo mejor de mí a los demás. 

En medio del proceso, me di cuenta de que mi propio cambio había generado cambios en mi entorno. En la relación con mis hijos y mi marido en primer lugar. Seguí formándome y reinventándome para descubrir esa pieza que le faltaba a mi puzle y que daría un nuevo sentido a mi vida.

Y así, combinando mi propio autoconocimiento, mis talentos con mis pasiones, y uniéndolo todo para contribuir a un mundo mejor, descubrí mi propósito de vida. La pieza que me faltaba encajar en mi puzzle y dar sentido a todas las demás. 

Para acompañar a otras personas a conocerse, a valorarse y a quererse para Ser quienes quieran ser y a sacar todo su potencial para brillar. Acompañarlas para mejorar su autoestima, su confianza y sacar todo su coraje y valentía para realizarse. A aprender a gestionar sus emociones, a honrar sus valores para elegir y priorizar sus decisiones. 

Tras dieciséis años trabajando para el bienestar y el desarrollo de las personas en los Departamentos de Salud Laboral y Recursos Humanos de una empresa sanitaria, decidí parar y dar un giro a mi vida saliendo del mundo corporativo. 

En el libro que he publicado, encontrarás muchos de los pasos que fui dando para reencontrarme de nuevo conmigo misma.

Mi pasión por las personas, y mi amor por el aprendizaje y el crecimiento personal, combinadas con mis habilidades para tratar y conectar con las personas, me llevaron de la mano a desarrollar mi proyecto con el objetivo de mejorar la vida de muchas familias. Comenzando por los padres, acompañándolos y formándolos para SER los padres que quieren ser. Descubriendo que hay otra forma de educar a nuestros niños y adolescentes, acompañándolos en su crecimiento personal y en el desarrollo de las habilidades socioemocionales necesarias para enfrentarse a la vida; para ayudarlos a crecer como personas autónomas, independientes, y con una autoestima sana.

Ser para educar, ser para guiar y acompañar, ser para amar. 

Podemos cultivar nuestra semilla bajo tres pilares fundamentales; el autoconocimiento, el desarrollo personal y la sabia gestión de emociones. 

Ser padres es una tarea de gran responsabilidad. Ser padres significa ser maestros, guías de nuestros hijos, y es una de las experiencias más bonitas y especiales que la vida nos regala y nos permite disfrutar.  

No es nada fácil asumir un desafío tan grande como es educar a nuestros hijos. Llena tu mochila de coraje, mucha paciencia, flexibilidad y buen humor, y piensa en la oportunidad de ser la mejor opción para guiar a tus hijos.

Porque el cambio siempre empieza por uno mismo. Si tú estás bien, ellos también lo estarán. 

  • Cuídate tú y cuidarás mejor a tus hijos.
  • Conócete, quiérete, acéptate, respétate y valórate, porque así lo harás con ellos.
  • Abre la puerta a tus emociones, escucha tu cuerpo y tu corazón. Ponte en su lugar, comprende, acepta como son, y acompáñalos a reconocer y validar sus sentimientos. 
  • Cree y confía en ellos, en sus talentos, habilidades y en su potencial para guiarlos y acompañarlos a Ser quienes quieran ser.
Elena Arroyo 513

Haz de tu felicidad y crecimiento personal una prioridad en tu vida.

Cuanto más cuides de ti, más podrás cuidar a los demás.

Sé el cambio que quieres ver en tus hijos. 

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